Fundada en 1963, Ebroacero lleva exportando prácticamente desde su creación. Dedicada a la fabricación de piezas de acero moldeado y de fundiciones aleadas para todo tipo de aplicaciones industriales, la empresa lleva más de cincuenta años en mercados extranjeros.

El reto

Incrementar las exportaciones directas al Norte de África, Oriente Próximo y Sudamérica, así como la exploración de nuevos mercados que requieran piezas con alta calidad tecnológica

Las claves

Durante los últimos años la empresa ha acometido fuertes inversiones para renovar la maquinaria obsoleta e instalar nuevos equipos de producción. Ebroacero es una empresa con vocación internacional, con más de 50 años de experiencia en el exterior.

En los años 60, un grupo de directivos de Talleres Mercier, dedicada a la fabricación de bienes de equipo para el sector industrial y ubicada en el polígono Argualas, vio la necesidad de contar con una fundición que les suministrara el acero. Así comenzó la andadura de Ebroacero. «Al principio trabajábamos casi en exclusiva para Mercier y, poco a poco, se fueron moldeando piezas para los clientes que lo demandaban», señala Ignacio Giménez, director general de Ebroacero. Enseguida la compañía vio un hueco en el mercado internacional y creó un departamento específico para Exportación, algo poco usual por aquel entonces.

Operarios de la planta de Ebroacero en el Polígono Aragualas.

Desde el principio, Ebroacero buscó la ayuda de entidades especializadas y participó en misiones comerciales, ferias internacionales y viajes de prospección. En la actualidad es socia del Club Fórum Internacional y el año pasado consiguió el Premio a la Exportación de Cámara de Comercio por su trayectoria internacional. «Mi consejo para los que empiezan es que se asesoren bien, acudiendo a entidades especializadas. Para mí, la labor de la Cámara de Comercio y Aragón Exterior en este sentido es estupenda. Antes de ir a nuevos mercados es imprescindible estudiarlos bien, comprobar si nuestra oferta va a ser competitiva allí, etc», explica Ignacio Giménez, director general de Ebroacero.

La empresa se ha consolidado en el mercado de la fundición y factura más de 11 millones de euros al año, vendiendo en los cinco continentes de forma continuada. De hecho, sus exportaciones directas son superiores al 50% de la facturación total, pero si incluimos el destino final de las piezas que venden, este porcentaje asciende al 90%. Los primeros mercados a los que llegó fueron Francia, Bélgica, Alemania y Dinamarca, pero ahora ya posee una amplia trayectoria exportadora y llega a cerca de 25 países de todo el mundo. «Hay que perder el miedo. Muchas veces creemos que es más fácil vender en Cádiz que en Alemania, pero a veces no es así. La marca España está bien reconocida fuera de nuestras fronteras y hay que aprovechar esa ventaja», asegura Giménez.

Su próximo reto es incrementar sus exportaciones directas al Norte de África, Oriente Próximo y Sudamérica, así como la exploración de nuevos mercados que requieran piezas con alta calidad tecnológica. Para ello se ha reforzado el departamento comercial, siempre apoyado por un personal altamente cualificado del departamento técnico.

La empresa Ebroacero

Dedicada a la fabricación de piezas de acero moldeado y de fundiciones aleadas para todo tipo de aplicaciones industriales, Ebroacero lleva más de cincuenta años en mercados extranjeros. Está ubicada en calle de Argualas, 20. Telf: 976 564 625

Año de fundación 1963
Número de empleados 92
Facturación en 2018 11.164.618,24 €
Presencia internacional En los cinco continentes

Ebroacero fabrica grandes piezas pesadas que van desde los 50 kilos hasta las 16 toneladas, y sus clientes son, sobre todo, cementeras, barcos, centrales eléctricas, azucareras, ferrocarriles y plataformas petrolíferas.  «En 1993 conseguimos un pedido de unas piezas de transición para la barrera antimareas del puerto de Rotterdam. Fue la primera vez que logramos un pedido de esa envergadura y la primera vez que tuvimos un inspector fijo en Ebroacero vigilando. Prácticamente el volumen de la documentación era el mismo que el volumen de las piezas, y ahí aprendimos muchísimo. Para nosotros fue fundamental porque vimos realmente cómo había que exportar, cuál era el futuro de la empresa, y decidimos que queríamos avanzar en ese sentido, seguir buscando mercados en los que introducirnos y centrarnos en el desarrollo de maquinaria para la generación de energía eólica en el mar  y para las plataformas petrolíferas. Ahí está el futuro», asegura Giménez.

Hasta ese momento, Ebroacero se había centrado en la energía eólica terrestre, pero cambió la normativa y la pieza del aerogenerador que hacían en acero, pasó a ser de otros materiales, por lo que dejaron el sector. «Antes también hacíamos los cruzamientos para el tren de Alta Velocidad, pero la tecnología cambió y nos salimos», explica el directivo.

El director general, Ignacio Giménez supervisa el proceso de fabricación.

Ebroacero es la segunda fundición de España en capacidad de pieza pesada, por eso se han centrado en este sector en el que apenas tienen competidores, dado la complejidad de los procesos. Elaboran piezas de gran precisión hechas a la carta para clientes de todo el mundo. Su objetivo es seguir creciendo, aunque la subida de los precios de la luz y el gas está restándoles mucha competitividad. «Solo un horno funde 2.500 toneladas de acero al año. La industria necesita mucha energía para ello y los gastos son muy elevados», advierte el Giménez. En los últimos años, en Ebroacero han renovado instalaciones y todo el parque de grúas. De hecho, los dos enormes hornos de fundición se cambiaron hace 15 años.

Su principal materia prima es la chatarra metálica mezclada con ferroaleaciones para conseguir diferentes tipos de aceros. Los hornos la funden a 1600 grados en un proceso que dura unas 3 horas. Después de un proceso laborioso de acabado, los operarios
especializados acaban de darle a las piezas la forma definitiva. Cuentan también con un laboratorio de calidad que evalúa la composición química y las características metálicas de las piezas, que serán destinadas a distintos sectores industriales.

«Nuestro objetivo fundamental es la satisfacción del cliente suministrando productos con la calidad requerida, en los plazos acordados y en condiciones competitivas», señala el director general. Para ello fomentan un ambiente de trabajo que propicie y aliente la actualización y especialización de los recursos humanos así como el desarrollo de las nuevas tecnologías, procesos e ideas innovadoras y creativas.

Durante los últimos años la empresa ha acometido fuertes inversiones para renovar la maquinaria obsoleta e instalar nuevos equipos de producción. «Nuestro objetivo no es sólo la búsqueda de una mayor capacidad de producción, sino también la instalación de maquinaria más moderna y segura para nuestros trabajadores», asegura Giménez. En Ebroacero están comprometidos con la sociedad, el medioambiente y la transparencia. «Apostamos por el respecto a nuestros empleados, la satisfacción de los clientes y la relación con los proveedores», añade. Por todo ello, han recibido el Sello de Entidad Responsable Socialmente que otorga el Instituto Aragonés de Fomento del Gobierno de Aragón, reafirmando su compromiso con la Responsabilidad Social Corporativa.

 

Lecciones aprendidas

Lograr la confianza del cliente es clave. Anticiparse a las necesidades del cliente, aportando soluciones y nuevos puntos de vista, es esencial para el buen desarrollo de los proyectos.

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